China y la diplomacia del agua

Este texto es una transcripción, resumida y editada, del episodio 4 del podcast «Descifrando China», titulado «China y la diplomacia del agua». Hablamos sobre el desafío de dar de beber a 1.400 millones de chinos y sobre los equilibrios diplomáticos en torno al llamado «oro azul». Con Águeda Parra, analista del entorno geopolítico y tecnológico de China y editora de la newsletter China GeoTech.

Pregunta: En un artículo reciente apuntas que China, con una quinta parte de la población mundial, sólo dispone del 6 por ciento del agua dulce del planeta. ¿Está en riesgo la seguridad hídrica de China a medio plazo? ¿Y por qué se trata de una prioridad nacional?

Águeda: China está afrontando un verdadero panorama de escasez de agua. Es una complejidad añadida a su objetivo de garantizar el desarrollo hasta convertirse en una economía avanzada. Tiene que seguir completando un proceso de urbanización que lleva años ejecutando y, al mismo tiempo, mejorar los estándares de vida. Por lo tanto, esto genera una necesidad de seguridad hídrica, que se ha convertido en una prioridad nacional.

En un contexto global para ver la magnitud del desafío, a los poco más de 2.000 metros cúbicos de agua potable de los que dispone cada chino, tenemos una ratio cinco veces superior en Estados Unidos y, en el caso de Canadá, tienen más de 79.000 metros cúbicos por persona.

Pregunta: Este es un problema con una importante variable de desigualdad regional. China necesita transportar agua desde su suroeste, con más recursos y menos poblado; hasta el noreste, tremendamente árido y muy poblado. ¿Cómo ha afrontado este reto Pekín en las últimas décadas? ¿Cómo lo afronta hoy?

La seguridad hídrica se ha convertido en una prioridad nacional para China

Águeda Parra, analista del entorno geopolítico de China

Águeda: China tiene una distribución de la población muy desigual. Las zonas costeras y del norte son las que aglutinan más población. Están alrededor de las 15 provincias más pobladas y, al mismo tiempo, las más áridas. Sin embargo, las provincias del interior son las menos pobladas y las que están más cerca de los cauces de los grandes ríos. China ha tenido que emprender un reto titánico de transporte de agua hacia el norte, donde se concentra apenas el 20% de los recursos de agua dulce. Este proyecto tiene un nombre propio: el trasvase de agua sur-norte.

A todo este reto hídrico que ha ido afrontando China en en estas últimas décadas se le suman los compromisos de neutralidad del carbono. Es un reto añadido, no sólo aportar agua sino también energía mediante centrales hidroeléctricas. En este sentido, China sigue construyendo presas, un campo es en el que es líder mundial, con más de 3.800 presas. Son dos veces más de las que tiene Estados Unidos y cinco veces más de las que tiene India, con un número de población similar y en la misma zona, con los mismos retos hídricos.

China es líder mundial en presas, con cinco veces más de las que tiene India, con una población similar

Águeda Parra, analista del entorno geopolítico de China

Pregunta: ¿Cómo casa este desafío con la creciente urbanización de China? En estos momentos aproximadamente un 65% de la población china vive en zonas urbanas, con los problemas de abastecimiento de agua que ello conlleva. Esta es una una tendencia que, si atendemos a los planes del gobierno chino, no va a hacer sino incrementarse. ¿Qué pasará con el agua cuando tres cuartas partes de la población china viva en ciudades?

Águeda: China ha ido afianzando su proceso de urbanización a un ritmo de un punto porcentual anual. Esto supone alrededor de 220 millones de personas que van tensionando los recursos hídricos. Cuando lleguemos al 75 por ciento de la población urbana, que debería ser en torno a 2035, la seguridad hídrica irá en el sentido de más demanda de agua y de energía.

China ya ha empezado a incorporar estas necesidades dentro de su plan socioeconómico, los Planes Quinquenales. Ya se incorpora el desarrollo de capacidad hidroeléctrica, la segunda fuente de energía más importante del país, con una nueva presa en el entorno del río Brahmaputra. Esto puede complicar la gestión de los intereses hídricos de los países de la región. Es una zona en la que la gestión de las aguas transfronterizas es un tema importante a tratar.

Una nueva presa en el río Brahmaputra puede complicar la gestión de los intereses hídricos regionales

Águeda Parra, analista del entorno geopolítico de China

Pregunta: China tiene una dificultad extra a la hora de abordar el reto hídrico: su compromiso de alcanzar la neutralidad del carbono para 2060. En este sentido, China es una referencia mundial en energía hidroeléctrica, pero a priori necesitará incrementar su potencia instalada a medida que más población vaya incrementando su estándar de vida y, por tanto, sus necesidades energéticas. ¿Cómo se relaciona esto con el desafío de dar de beber a todos los chinos?

Águeda: Por ahora, las perspectivas parecen bastante buenas. Tenemos que tener en cuenta que China es una gran potencia en el tema de generación hidroeléctrica pero, en general, tiene un gran poder hidrohegemónico. También es líder en capacidad instalada y en nuevos proyectos. Si sólo tomamos en cuenta los datos de 2020, dos terceras partes de la nueva capacidad hidroeléctrica instalada en el mundo han pertenecido a China.

China ya representa una cuarta parte del total de la capacidad hidroeléctrica instalada a nivel mundial. Si lo comparamos con otros países, supera en tres veces a la de Brasil y a la de Estados Unidos; en cuatro veces a la de Estados Unidos y en siete veces a la de India. Teniendo las mismas necesidades de acceso de agua a una población muy grande y los desafíos del cambio climático, la comparación entre China e India es destacable.

Pregunta: ¿Podrías dibujarnos un esquema de este tablero geopolítico? ¿Qué papel juega el agua en las relaciones de China con sus vecinos del oeste y del sur?

Águeda: Toda la zona del Tíbet es donde surgen los grandes ríos de Asia. Fluyen por once países, por lo que tienen una complejidad transfronteriza importante. Abastecen de agua a más de 1.600 millones de personas. Aquí nace el Brahmaputra, que después pasa por India y Bangladesh; y también el Mekong, que pasa por Myanmar, Laos, Tailandia, Camboya y Vietnam.

Tenemos una nueva configuración del esquema geopolítico desde el punto de vista de los recursos hídricos. Esto genera mucha más tensión a la complejidad del entorno. Será necesario fomentar una diplomacia activa en este terreno. Los desafíos son muchos para todos los países, y todos tienen sus propias ambiciones en materia de seguridad hídrica. Hay que tener en cuenta que China es el origen de estos dos grandes ríos, y toda la gestión aguas arriba influye en las actividades de agricultura y pesca aguas abajo.

Estas complejidades se suelen gestionar mediante tratados y acuerdos. China tiene múltiples acuerdos, pero hay dos excepciones: India y Bután. Incluso en estos casos, se sigue el principio que marca las Naciones Unidas de uso equitativo y razonable. A medida que el cambio climático vaya planteando nuevos desafíos, esto requerirá que se mantenga una buena sintonía para evitar inestabilidades.

Todos los países de la zona tienen sus propias ambiciones en materia de seguridad hídrica

Águeda Parra, analista del entorno geopolítico de China

Pregunta: ¿Qué significa, exactamente, un uso equitativo y razonable de un curso de agua? En el caso concreto del Mekong, China tiene un acuerdo con el resto de países por los que transcurre el río.

Águeda: Hay una convención de las Naciones Unidas sobre los usos de los cursos de agua internacionales para fines distintos de la navegación. Es de 1997 y aboga por el uso equitativo y razonable de los recursos: que ninguno de los países de los cursos altos de los ríos haga un uso que pueda perjudicar a los deltas y las actividades de pesca y agricultura de los países de abajo.

En el caso del Mekong, tiene su propio acuerdo, de 1995, en el que China tiene la autoridad legal para realizar ese uso razonable y equitativo. Esta compartición de recursos hace depender de esta gestión de China a más de 60 millones de personas que se dedican a las actividades de pesca y agricultura. Siempre ha habido buena sintonía. Las situaciones puntuales se han ido resolviendo bien.

Pregunta: Y para finalizar, ¿cómo ves el panorama para China, y a nivel regional, a medio y largo plazo? Parece plausible que la competición por un recurso tan valioso como el agua genere algunas tensiones. ¿Hay riesgos de que estas tensiones puedan desembocar en algo más grave?

Águeda: El acceso al agua, que por algo se conoce como «oro azul líquido», es el mayor de los desafíos globales que afrontarán todas las economías en los próximos años, porque los efectos del cambio climático ya son globales. Aquellos países están bajo una situación de escasez de agua van a tener que redoblar sus esfuerzos.

Dentro de las complejidades de las áreas transfronterizas, siempre hay quejas por decisiones que pueden provocar falta de agua o inundaciones. Al final, la gestión que se ha hecho por el uso equitativo y responsable, y por la diplomacia activa que están manteniendo los países implicados, han hecho que no desemboquen en una guerra del agua. Ni siquiera en el caso de India, con el que China no tiene acuerdos en cuestión de recursos hídricos y con quien tiene una situación fronteriza compleja; ni siquiera en estos momentos de tensión geopolítica se ha visto afectada la gestión de los recursos hídricos.

Sí es verdad que, en todo este período que sufre Asia de grandes sequías por un lado e inundaciones por otro, va a crearse una tensión añadida que todos los países en conjunto van a tener que gestionar, con mecanismos multilaterales y diplomacia.

Socios, competidores, rivales: claves de las relaciones China – UE

Este texto es una transcripción, resumida y editada, del episodio 3 del podcast «Descifrando China», titulado «Socios, competidores, rivales: claves de la relación China – UE». Hablamos sobre el momento actual de las relaciones bilaterales entre la Unión Europea y China tras la cumbre celebrada entre ambas partes el pasado 1 de abril. Con Helena Legarda, analista del Mercator Institute for China Studies.

La cumbre del 1 de abril

Pregunta: ¿Qué valoración general haces de la última cumbre China – Unión Europea, el pasado 1 de abril? El jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, no sonó demasiado entusiasmado en su valoración posterior. ¿Hubo algún punto de encuentro?

Helena: El jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, la calificó como un «diálogo de sordos». Yo creo que eso nos dice mucho sobre, por un lado, las expectativas de la Unión Europea y por el otro, sobre el resultado de la cumbre. No sé si yo la llamaría un fracaso. Sí es cierto que, en lo que se refiere a resultados concretos, no hubo ninguno. Pero yo creo que nadie los esperaba. También es cierto que cada parte tenía distintas expectativas y distintas prioridades antes de llegar a la cumbre.

Por un lado, la UE quería hablar de los puntos de fricción: Ucrania, la coerción económica contra Lituania, las sanciones a parlamentarios e investigadores europeos… ese es el lado de la UE. China obviamente no quería hablar de ninguno de estos temas. Lo que ellos querían es poner el foco en oportunidades para colaborar o puntos de coincidencia. China quería inyectar energía positiva a las relaciones y dejar las tensiones a un lado. Teniendo en cuenta esto, que las prioridades eran distintas, tampoco había grandes expectativas de resultados concretos; incluso antes de la cumbre, en Bruselas.

La razón por la que digo que no fue un fracaso es porque la Unión Europea mandó un mensaje muy claro. Sabiendo que no iba a conseguir nada muy concreto, lo que Von der Leyen, Michel y Borrell hicieron fue dejar las cosas muy claras a los líderes chinos. El punto fundamental es que no estamos en una situación de business as usual: no podemos ignorar las fricciones, no podemos ignorar la respuesta china a la invasión rusa de Ucrania y continuar hablando de cooperación en temas como el cambio climático.

La UE fue muy clara con respecto a lo que espera de Pekín en Ucrania. Sí hubo algún punto de Von der Leyen dejando bastante claro que habría consecuencias si China decide dar apoyo material a Rusia. Fue una oportunidad para lanzar un mensaje y la UE la usó con bastante éxito. El problema fundamental es que China no ha leído muy bien el estado de ánimo en Europa y no ha tenido muy claro cómo navegar dos objetivos contradictorios: por un lado, mantener su cooperación con Rusia, que es algo que en términos geopolíticos le interesa, sobre todo teniendo en cuenta su objetivo último de reformar el orden mundial. Por otro, China quiere mantener las relaciones, sobre todo comerciales, pero no exclusivamente, con la UE. Intentan jugar a dos bandas y creo que no han leído bien la situación con respecto a la guerra de Ucrania.

¿Resultados concretos de la cumbre? No. ¿Fracaso? Tampoco. La oportunidad de dejar las cosas claras hablando cara a cara con los líderes chinos es algo importante.

La situación en Ucrania

Pregunta: El principal tema en la agenda fue, obviamente, la situación en Ucrania. ¿Qué quiere la Unión Europea de China en este asunto? ¿Son estas peticiones o exigencias realistas?

Helena: Depende un poco de a quién nos referimos cuando hablamos de la UE. En general, sí está claro que al principio de la invasión se oían voces en Europa que decían que China tendría que mediar en el conflicto. Ese tema de la mediación nunca fue realista, China no lo iba a hacer ni lo va a hacer. Pero creo que se ha dejado de lado ya.

¿Cuáles son las expectativas ahora? La verdad es que no demasiado. En una situación ideal, que China intente facilitar un alto el fuego aunque sea limitado y el establecimiento de corredores humanitarios. Esto y quizás que China proporcione ayuda humanitaria a Ucrania.

En realidad, lo que la UE pide, el mínimo absoluto, es que no obstruya. Si no va a usar su influencia ni su acceso a los líderes rusos para facilitar un alto el fuego, que por lo menos no ayude a Rusia a evadir las sanciones. ¿Es realista? A estas alturas, no creo que es algo que China quiera hacer. Su posición sigue siendo la misma: aparentemente neutral, pero en realidad con un apoyo evidente de las posiciones rusas. Esto se ve claramente cuando lees los discursos de los líderes chinos. Usan claramente el lenguaje de Moscú en lo que a la invasión se refiere: la culpa es de Estados Unidos, la culpa es de la OTAN, provocaciones a Rusia, que tiene intereses legítimos de seguridad que deben respetarse…

Es una neutralidad aparente pero más prorrusa que otra cosa. Yo no esperaría demasiado de Pekín en lo que a facilitar una solución se refiere. Ayuda humanitaria ya está proporcionando alguna, no demasiada; pero quizás sí hay margen de mejora. Sin embargo, China no tiene ningún interés en exponerse a sí misma a este conflicto más todavía. Estratégicamente, desde Pekín sólo ven inconvenientes.

El Acuerdo de Inversiones

Pregunta: En la cumbre no hubo progresos sobre uno de los grandes escollos actuales en la relación: el Acuerdo de Inversiones, congelado desde marzo de 2021. ¿Cabe esperar que el proceso de ratificación se reinicie pronto?

Helena: A mí me sorprendería mucho. Tenemos que mirar un poco hacia atrás para ver por qué se congeló ese proceso. Fue por las sanciones chinas a parlamentarios, políticos e investigadores europeos. Esas sanciones siguen ahí, y mientras no las levante, dudo de que vuelva a empezar el proceso de ratificación en el Parlamento Europeo.

Además, la opinión pública sobre China y la visión que hay sobre las ambiciones globales chinas están empeorando en Europa. No sólo son las sanciones, sino el boicot a Lituania, cómo ha manejado China la pandemia o la actitud de los diplomáticos a los que envió a Europa. Hay un punto de vista mucho más crítico con respecto a China. Esto no va a ayudar a reiniciar el proceso de ratificación.

También hay que tener en cuenta que uno de los impulsores de este acuerdo es Alemania, pero allí ha habido un cambio de gobierno y también un cierto cambio de postura con respecto a China.

Política común

Pregunta: ¿Existe tal cosa como una política común europea hacia China? ¿Cada país hace la guerra por su cuenta? ¿Hay bloques?

Helena: La política de la UE sobre China no es un bloque. Esto es un hecho irrefutable. Muy poca política de nada en la UE es un bloque: hablamos de 27 estados miembros con sus intereses y sus preocupaciones. Unanimidad al 100% no hay. Sí es verdad que en política sobre China ha habido mucho movimiento en los últimos años y nos estamos acercando cada vez más a un consenso. Un consenso más que nada sobre los problemas y las oportunidades que en Europa vemos en lo que a China se refiere. Eso no siempre se traduce en unanimidad en políticas. Vemos mucho más consenso en el hecho de que la gente es mucho más crítica y tiene mucho más cuidado en lo que a las ambiciones globales de China se refiere. Vemos más potenciales problemas.

Pero cuando hablamos de políticas y respuestas, hay mucha diversidad. Tampoco hablaría de bloques porque vivimos en una situación muy dinámica. Países del centro y el este de Europa, que antes eran un poco más problemáticos con China con la iniciativa 16+1, ahora son mucho más críticos, en parte por el acercamiento con Rusia.

Alemania sí que ha puesto siempre el énfasis en mantener buenas relaciones económicas y comerciales con China, que es algo que lleva mucho peso en discusiones en Bruselas. Esto es algo que no ha cambiado del todo pero sí vemos cierto movimiento. La estrategia tradicional de Alemania de intentar conseguir el cambio en China a través del comercio es algo que a lo mejor no se ha abandonado del todo pero sí nos estamos alejando.

En los últimos años, las políticas e instrumentos que afectan a China se han adoptado por consenso en casi su totalidad. Eso es algo complicado. Hay mucho más acuerdo de lo que mucha gente piensa desde el exterior.

Cero COVID y la reactivación de los viajes

Pregunta: La UE sí ha manifestado que está abierta a una mayor cooperación con China en cuestiones como la diplomacia de vacunas. En relación con el COVID, ¿crees que habrá una reconsideración de la política de Cero COVID en China, con la consiguiente reanudación de los viajes internacionales? ¿En qué medida puede ayudar esta reactivación a desatascar las relaciones?

Helena: Lo primero, sobre la política de Cero COVID: no veo ninguna indicación de que vayan a abandonar esta estrategia en los próximos meses. Casi con seguridad no antes del vigésimo congreso del Partido Comunista Chino. Hay que tener en cuenta varias cosas, empezando por el tema sanitario: en China, las tasas de vacunación no son tan altas como mucha gente se piensa, especialmente en los tramos más altos de edad. Hay miedo de que, si abren el país un poco más, van a empezar a subir las muertes y hospitalizaciones.

Luego está el tema político, que es fundamental. Xi Jinping se ha asociado a sí mismo con esta política, personalmente. Teniendo en cuenta que el 20º Congreso del Partido va a tener lugar este otoño y que este es el Congreso en el que Xi Jinping quiere ser confirmado como líder de China para un tercer periodo, no creo que tenga intención de abandonar una política que ha asociado mucho consigo mismo por el posible impacto en su legitimidad.

Un tercer elemento es que la narrativa desde que comenzó la pandemia es que en China han manejado la pandemia mucho mejor que en Occidente. Eso demostraría que el sistema chino es más eficiente, más eficaz y por lo menos igual de bueno que las democracias liberales. Aceptar un fracaso del modelo chino y cambiar de estrategia, después de meses de críticas a Occidentes, es algo que por temas de imagen y legitimidad no se va a hacer. No tendría mucha expectativa de que vayan a abandonar esto antes del Congreso. Después, ya veremos.

Obviamente, el impacto está claro. En viajes, ahora mismo hay muy poca interacción cara a cara entre gobiernos, pero también sector privado, sociedad civil, estudiantes o investigadores. Si miras datos sobre el número de extranjeros en Pekín y Shanghai y el impacto de la política de no permitir viajes internacionales, ves que esos números han bajado muchísimo, y yo espero que continúen bajando. Veremos si eso se recupera una vez China reabre el país. Creo que hasta cierto punto se recuperará, pero no del todo. Al final, si pierdes gente que era residente, es algo que no es fácil de recuperar; y el atractivo de China como destino ha sufrido mucho.

Una relación poliédrica

Pregunta: La UE definió a China en 2019 como un “socio, competidor y rival sistémico”, una definición que se mantiene hoy. 3 años después, ¿qué dimensión crees que prima más?

Respuesta: Buena pregunta. Sinceramente, creo que esto cambia un poco desde que en 2019 se publicó el strategic outlook. Ahora mismo, creo que prima la dimensión de rival sistémico junto con la de competidor. Ahora mismo, la opinión de China en casi toda Europa es más crítica. Las oportunidades de colaboración se ven muy reducidas y sí que vemos muchos más campos de fricción.

Algunos de esos son de competición económica, pero ahora prima el aspecto de rival sistémico. Sólo tenemos que mirar la respuesta china a la invasión a Ucrania. Es evidente que, en cuanto al enfoque hacia el orden mundial, las diferencias son fundamentales. Se ve también cuando China habla de la estrategia europea del Indo-Pacífico, la relación entre UE y Estados Unidos o cuando habla sobre la OTAN y sobre el rol que juega Europa dentro de la misma.

¿Un colchón ante las sanciones? China y el aislamiento económico de Rusia

Este texto es una transcripción, resumida y editada, del episodio 2 del podcast «Descifrando China», titulado «¿Un colchón ante las sanciones? China y el aislamiento económico de Rusia». Hablamos sobre materias primas, sistemas de pago y tecnologías con Isidre Ambrós, periodista y autor de «La cara oculta de China»; y Alberto Lebrón, investigador del Instituto de Economía Política Internacional de la Universidad de Pekín.

Paliar las sanciones

Pregunta: Comenzamos con una pregunta general. La invasión de Ucrania ha traído consecuencias económicas inmediatas para Rusia, con un rápido desacoplamiento con respecto al eje Estados Unidos – Unión Europea. ¿Cómo valoráis la respuesta inicial de China? Antes de entrar en detalles: ¿está en posición China de ser un colchón económico para Rusia?

Isidre Ambrós: Yo creo que puede paliar la situación pero no totalmente. China no puede sustituir el flujo de ingresos que le llegan a Rusia a través de Europa, por ejemplo. Lo tiene muy complicado, aunque puede colaborar.

Alberto Lebrón: Estoy totalmente de acuerdo con Isidre. Hay que aplicar una lógica elemental: si Rusia está exportando a la Unión Europea, China tiene que cubrir todo aquello que pierde Rusia en sus exportaciones. La UE y el Reino Unido representan el 40% de las ventas rusas al exterior y China sólo el 14,7%. Por mucho que China quiera absorber el gas o el petróleo de Rusia, no va a poder porque lógicamente los crecimientos son graduales y nunca exponenciales.

Pregunta: El sector energético es uno de los sectores en los que estamos viendo un mayor debate es el de la energía. Rusia es un gran exportador de gas y petróleo; y ya estamos viendo que, en mayor o menor medida, Estados Unidos, el Reino Unido y la Unión Europea tienen planes para cortar su dependencia de Rusia. ¿Cuál es el papel de China en este puzzle? Rusia sigue siendo uno de los principales proveedores de petróleo de China, y en cuanto al gas, su venta a China ha venido creciendo de manera estable, hasta el punto de que ya se ha acordado la construcción de un segundo gaseoducto desde Siberia a China. ¿Qué supone esto en términos geopolíticos y económicos?

Isidre: La mayoría de las exportaciones de hidrocarburos rusos van a parar a Europa. Van creciendo las ventas a China, pero si no me equivoco, el bombeo de gas ruso a China empezó en 2019. Es verdad que ahora han firmado la construcción de un segundo gaseoducto, pero eso no entrará en funcionamiento antes de 4 o 5 años. Sí que van aumentando las exportaciones de gas ruso a China pero aún están lejos de alcanzar las cifras de Europa. También es verdad que Rusia se ha convertido ya en un suministrador primordial para China de petróleo, pero no salen las cuentas.

Van aumentando las exportaciones de gas ruso a China, pero aún están lejos de alcanzar las cifras de Europa.

Isidre Ambrós, periodista y autor de «La cara oculta de China»

Alberto: Es una cuestión de números. China está importando unos 16.500 millones de metros cúbicos de gas desde Rusia, el 5% del gas que consume China. Hay potencial y de ahí que se estén construyendo más gaseoductos. En 2019 entró en funcionamiento el Power of Siberia 1, que suministrará en el mejor de los casos 38.000 millones de metros cúbicos en 2025. Y luego hay un segundo gaseoducto, que pasa por Mongolia, el Power of Siberia 2, que puede llegar a los 50.000 millones de metros cúbicos, pero siempre a largo plazo.

Si miramos lo que está anunciando la Unión Europea, viene importando de Rusia del orden de 155.000 millones de metros cúbicos y dice que este año espera recortar 100.000 millones. Aunque no llegue, va a ser significativo e incluso puede que acabe recortando más de lo que a largo plazo puede importar China de Rusia. Es una catástrofe para Rusia, y China en ningún caso puede cubrir, ni siquiera amortiguar de manera significativa, todo lo que va a perder Rusia en Europa.

Isidre: Todo esto con el agravante de las buenas relaciones entre China y Europa, que China quiere mantener. Aparte de que pueda hacerlo, está la cuestión de que quiera hacerlo, que es muy discutible.

Pregunta: China tiene intereses económicos muy fuertes en la Unión Europea y Estados Unidos, a pesar de las tensiones que pueda haber. ¿Cómo veis este asunto? ¿Estos intereses primarán sobre un potencial alineamiento Pekín Moscú?

Isidre: Es una frase muy socorrida esa de que China tiene socios pero no amigos. Yo creo que China tiene un poco en la encrucijada de que Rusia es su principal socio pero no aliado y, por otra parte, no quiere que Europa caiga bajo la influencia de Estados Unidos. Quiere una Europa fuerte y unida con la que poder discutir. Ucrania también es un socio importante para China. Así que Pekín está en ese papel, muy suyo, de intentar quedar bien con todas las partes, pero yo creo que, llegado el momento, a la hora de elegir, apostaría por mantener los vínculos con Europa. Es un socio económico mucho más importante a la larga.

Alberto: China, para cubrir lo que Rusia va a perder con sus ventas de petróleo a Europa, tendría que multiplicar sus importaciones entre 2 y 3 veces. No encaja en el esquema económico chino. Y luego cuidado con las sanciones y la desconfianza global. No hay que olvidar que Alemania, la locomotora económica de Europa, tiene como principal socio económico comercial a China. Y si decimos que China es la fábrica del mundo, fundamentalmente de Estados Unidos; Alemania, y esto se cuenta poco, es la fábrica de China.

Si decimos que China es la fábrica del mundo, Alemania es la fábrica de China.

Alberto Lebrón, investigador del Instituto de Economía Política Internacional de la Universidad de Pekín

China invierte en Alemania, compra empresas de alta tecnología, adquiere know-how, exporta bienes intermedios (físicos y servicios) a Alemania y de ahí salen bienes con alto contenido tecnológico que puede aprovechar China y también puede exportar al resto del mundo. Hay un dato importante, el comercio en valor añadido, y concretamente el valor añadido chino incorporado a las exportaciones de Alemania: bienes intermedios chinos que van a Alemania y ahí se ensamblan para ser incorporados en otros bienes intermedios o finales que se exportan.

Alemania es el mayor exportador mundial de valor añadido chino y China es la primera fuente de valor añadido incorporado en las exportaciones de Alemania. La relación es estratégica, y si a Alemania le ha costado menos romper con Rusia, sin duda le puede llegar a costar un poco más romper con China. Y si esto ocurre, vamos a un mundo dividido en dos bloques claramente.

Sistemas bancarios y de pago

Pregunta: Otra clave a tener en cuenta es la desconexión parcial de Rusia del sistema mundial bancario y de pagos. Oficialmente, China no participará de las sanciones financieras a Rusia, pero hay noticias de bancos chinos restringiendo la financiación de operaciones sobre bienes rusos. También hemos visto que, tras la suspensión de la actividad en Rusia de Visa, Mastercard y American Express, algunos bancos rusos comienzan a recurrir a UnionPay, que es una compañía estatal china. De nuevo: ¿puede ser China un plan B para Rusia en términos financieros?

Isidre: Estamos en lo mismo. El CIBS, que es el sistema chino, nació en 2015. Tiene bastantes entidades y países en el sistema, pero muchos menos que el SWIFT. ¿Podría servir a los bancos rusos para funcionar? Parcialmente. No con la misma intensidad que con el SWIFT. Además, Europa no ha bloqueado todo y se pueden seguir haciendo pagos en temas energéticos.

Alberto: Aquí estamos hablando de cómo podría China ayudar a Rusia a esquivar las sanciones, porque Rusia ha sido aislada del sistema financiero internacional, esto es un hecho. El CIBS sigue dependiendo del SWIFT porque China sigue manteniendo sus relaciones comerciales con Europa, Japón y Estados Unidos. Ahora bien, aquí hay una derivada interesante. Desde 2014, cuando empezó todo el problema con Ucrania, Rusia, quizás obligada por las circunstancias, comenzó a acumular renminbi, hasta un 13% de sus reservas de divisas.

Desde 2014, cuando empezó todo el problema con Ucrania, Rusia comenzó a acumular renminbi.

Alberto Lebrón, investigador del Instituto de Economía Política Internacional de la Universidad de Pekín

Si Rusia no tiene más remedio que apoyarse en China para su comercio internacional porque tiene sanciones en otros lugares del mundo, va a tener que usar renminbi. No hay más. Independientemente de que China pueda cambiar renminbi por euros o dólares y, a través de mecanismos interpuestos, Rusia pueda comerciar con otras zonas del mundo, aquí también hay un riesgo reputacional para China. Si Estados Unidos ve que China cambia las reservas en renminbi del Banco Central de Rusia por euros o dólares y esto minimiza las sanciones, no tengamos duda de que Europa y Estados Unidos van a empezar a pedir explicaciones a China, porque estas sanciones están diseñadas para ahogar a Rusia y no sabemos muy bien para qué objetivo futuro.

Pero está claro que uno de estos objetivos es que Vladimir Putin abandone el poder y Rusia se integre de una manera normal en el sistema internacional. Estamos ante un auténtico cambio geopolítico. La parte financiera a mí me parece menos importante ahora, pero sí destaco que Rusia no tiene más salida que convertirse en un satélite de China porque va a tener que comercializar con China y con otros países en renminbi.

Tecnologías críticas: el caso de los semiconductores

Pregunta: Volviendo a la tecnología: ¿es el conflicto en Ucrania es un nuevo paso hacia una progresiva fragmentación mundial? Grosso modo, un eje occidental por un lado, y uno compuesto por Pekín-Moscú, por el otro. ¿Qué implicaciones tendría un desacoplamiento de este tipo, por ejemplo en cuestiones como los semiconductores, que es un tema del que se habla mucho en los últimos dos años, o las partes de aviones, donde ya estamos viendo cómo Rusia tiene problemas de acceso por las sanciones? ¿Vamos hacia un mundo de bloques estancos en tecnologías que no son neutras, que tienen muchos usos entre ellos el militar?

Isidre: Es verdad que, hasta ahora, el mundo tecnológico está muy controlado por Estados Unidos. Es verdad que, a raíz de que empieza este pulso y esta guerra comercial con China, esta última apuesta y aprieta el acelerador en su estrategia de la autosuficiencia tecnológica. En el tema de los semiconductores, la industria americana controla el 80 o el 90 por ciento de la población mundial. China está dando los primeros pasos para contrarrestar esta situación, pero yo creo que, a pesar de que China avance en esta autosuficiencia, no vamos a un mundo de dos bloques estancos. La cooperación seguirá existiendo porque les interesa a todas las partes.

A pesar de que China avanzará en la autosuficiencia tecnológica, no vamos a un mundo de dos bloques estancos.

Isidre Ambrós, periodista y autor de «La cara oculta de China»

Alberto: Los chips van a marcar toda la economía del futuro. Se van a usar en transporte autónomo, en computación cuántica, en inteligencia artificial; por supuesto tienen uso militar. Son componentes de alta tecnología que no todo el mundo puede fabricar, ni todo el mundo puede innovar de la noche a la mañana. Estados Unidos es el líder mundial en idear los semiconductores, pero luego se fabrican en Taiwán o Corea del Sur en cooperación con las industrias locales. Hay un umbral: los 20 nanómetros. De 20 nanómetros para arriba, China tiene una posición débil, pero de 20 nanómetros para abajo, China no existe.

Por tanto, no puede haber dos estándares porque de momento sólo existe uno, el estadounidense. La semana pasada hubo una redada a ocho compañías chinas en Taiwán que estaban captando talento, lo cual es delito allí, porque quiere mantener su ventaja en el sector de los semiconductores. China tiene a Alibaba y Tencent haciendo chips. Es así de importante, porque un conflicto mundial puede llevar a una disrupción notable. Aquí, el bloque de China y Rusia juega con una desventaja enorme.

China como mediadora

Pregunta: ¿Cuál es el papel de China en una posible mediación de paz?

Isidre: China puede jugar un papel muy a su pesar. Ellos tienen su propia hoja de ruta que a los occidentales nos cuesta entender. China es la segunda potencia mundial y anhela recuperar el protagonismo internacional que históricamente tuvo el Imperio de Centro sin que ello implique invadir nada, sino que se le reconozca su peso. Le ha llegado un momento en el que tiene que hacerse escuchar, y es el momento más inoportuno: Xi Jinping está trabajando de cara al Congreso del Partido, en otoño, donde se le debe reelegir para un tercer mandato. Creo que los dirigentes chinos aspiraban a que este fuera un año estable para poder dedicarse a su política interna. Y se han encontrado con que todo el mundo les está pidiendo que hagan algo. Yo creo que lo van a hacer, pero con sigilo y cautela.

Los dirigentes chinos aspiraban a que este fuera un año estable para poder dedicarse a la política interna.

Isidre Ambrós, periodista y autor de «La cara oculta de China»

Lebrón: China y Rusia no son un bloque homogéneo, aunque pueda parecerlo. Xi Jinping dice que Putin es su mejor amigo, se han reunido más de 40 veces, pero es más parecido a un matrimonio de conveniencia. Habría que preguntarse si Estados Unidos aceptaría la mediación china, porque yo creo que no. El marco que se está estableciendo aquí es el de «democracias liberales contra tiranías irredentas», según lo definió, en el Financial Times, Martin Wolf. Las primeras serían la Unión Europea, Estados Unidos y sus aliados. Las segundas serían, evidentemente, China y Rusia.

De hecho, el foco más amplio es China. La presidenta de Taiwán, Tsai Ing-Wen, cuando estalló el conflicto, no se solidarizó con Ucrania, sino que expresó su empatía con Ucrania, es decir: yo soy Ucrania. Definió el marco, estableció los equipos. Estos dos bloques y sus aliados: en el primero Taiwán o Japón, en el segundo todos los países de Belt and Road, porque hay que ver el papel de India, los países africanos o América Latina. A mí se me hace muy difícil ver a China como mediadora. Esto sólo se solucionaría con un gran acuerdo global en el que los dos grandes bloques que se están dibujando se sienten en una mesa a negociar un nuevo orden internacional, buscando un mínimo común denominador. La alternativa es un mundo de bloques, si no algo mucho peor.

Esta situación sólo se solucionaría con un gran acuerdo global en el que se busque un mínimo común denominador.

Alberto Lebrón, investigador del Instituto de Economía Política Internacional de la Universidad de Pekín

Isidre: China tampoco puede ponerse de perfil cuando los europeos están pidiendo que medie. Lo que no interesa es tener un mundo de bloques estancos donde todos pierden. A China le interesa la estabilidad internacional para seguir desarrollando sus potencialidades. Este conflicto, con el resultado de un mundo de bloques estancos, no le viene bien. La diplomacia china se moverá con cautela y sigilo, pero se moverá.

Alberto: Entre bambalinas, y de hecho han enviado ayuda humanitaria a Ucrania y lo han hecho saber a través de su prensa oficial. China está lejos de posicionarse con Rusia, si bien es cierto que, desde el otro bloque, grandes medios de comunicación están diciendo cosas como que China dio el visto bueno a la invasión de Ucrania tras los Juegos Olímpicos. Son informaciones que dan los servicios de inteligencia con una intencionalidad clara, y pueden ser ciertas o no. China está en un equilibrio muy complicado porque no puede renunciar a Europa. Si se le cierra la puerta y se queda aislada con un estado paria, afectaría gravemente a su desarrollo económico, y todos sabemos que eso generaría una inestabilidad peligrosa.

Prosperidad Común: ¿prosperidad para quién?

Este texto es una transcripción, resumida y editada, del episodio 1 del podcast «Descifrando China», titulado «Prosperidad Común: ¿prosperidad para quién?». Hablamos sobre desigualdad, distribución de la riqueza y control del Estado sobre las tecnológicas con Alicia García-Herrero, economista jefe para Asia-Pacífico de Natixis; y Miguel Otero, investigador titular del Real Instituto Elcano.

Prosperidad para quién

¿Qué entiende Xi Jinping por Prosperidad Común y por qué este énfasis?

Alicia: esto no lo ha inventado Xi Jinping, sino que era un concepto en desuso porque en la era de Deng Xiaoping la idea era la contraria: bienvenidos sean los que se enriquezcan porque, gracias a eso, China crecerá más. Era ese concepto de no avergonzarse de la riqueza, mientras que ahora la idea es compartirla. La cuestión es cómo, y esta es la clave.

Hay que poner esto en contexto. Esto llega justo después del inicio del famoso «crackdown», de una fuerte respuesta regulatoria del gobierno chino ante algunos excesos de distinto tipo, desde control de datos, antitrust, intromisión en el ámbito social de las plataformas educativas a los videojuegos… llega esto y creo que está relacionado. A los europeos, la idea de prosperidad común nos suena a Estado del Bienestar, pero no es lo que tiene en mente China. Allí no hay un Estado del Bienestar que funcione como canal automático de redistribución de la renta a través de gasto o impuestos.

En China no hay un Estado del Bienestar que funcione como un canal automático de redistribución de la renta a través de gasto o impuestos.

Alicia García-Herrero, economista jefe para Asia-Pacífico de Natixis

Allí, el Estado supervisará, regulará y se asegurará de que no haya excesos de sectores y de individuos. Jugará un papel mayor del que ya jugaba. El objetivo es repartir mejor y que lo que se está haciendo llegue a todos, no a unos pocos. ¿Por qué ahora? Quizás porque el pastel se está reduciendo, o al menos está aumentando a menos velocidad. La economía china crece menos, cíclica y estructuralmente, por lo que es el momento de repartir mejor. Si no, habrá un problema social porque no hay un Estado del Bienestar que proteja a los que se caen del sistema.

China está reduciendo el porcentaje de PIB de su sector más productivo, que es el de las manufacturas. Esto, que pasó ya en Estados Unidos, se va a producir en China, y el gobierno quiere adelantarse a eso con un sistema menos costoso que el nuestro en lo fiscal, pero poniendo orden. No nos dice cómo lo va a hacer, cuáles serán los mecanismos, pero nos avisa de que lo hará. Es un aviso a navegantes: el que piense que va a tener todo el espacio para enriquecerse que se olvide, porque va a tener muchas más restricciones.

Miguel: yo creo que ni siquiera muchos chinos ilustrados saben bien qué es la Prosperidad Común. Entendemos que queremos menos excesos, que va a haber más estado, pero no se sabe bien cómo se va a llevar eso a cabo. A nivel externo, China observa muy al detalle lo que pasa en Occidente y creo que ha entendido que la desigualdad es un factor desestabilizante. Llevado al exceso, puede minar la cohesión social. La sociedad china es más parecida a la estadounidense que a la europea en cuanto a la equidad. Los chinos tienen menos preocupación por la equidad, generalmente, que los europeos. La visión de hacerse ricos, prosperar, de que hay ganadores y perdedores, está muy metida en la sociedad, aunque sea colectivista. Se acepta que hay gente a la que le va muy bien y otra que vive con muy poquito.

Yo creo que eso, que está aceptado dentro de la cultura china, si lo llevas a los extremos puede llevar a momentos como lo que se vivió en Estados Unidos con la muerte de George Floyd o el asalto al Capitolio. Si uno ve esto desde Pekín, llega a la conclusión de que se está hablando de posibilidades de guerra civil en la democracia más consolidada del mundo, y el Partido Comunista no quiere saber nada de esto.

En China se acepta que hay gente a la que le va muy bien y otra que vive con muy poquito.

Miguel Otero, investigador titular del Real Instituto Elcano

Nadie sabe realmente cómo se va a repartir más la tarta. En China existe este concepto de las tres redistribuciones: la fiscal, la del trabajo y la filantrópica, que es por la que se aboga ahora. Estamos viendo a empresas tecnológicas donando miles de millones al Estado para que haga cosas. Y aquí entramos en el tema del poder de las tecnológicas. Una lección que han sacado los líderes chinos de Occidente es el enorme poder que pueden tener estas empresas. Apunto al momento en el que Twitter empezó a decir que los tuits del presidente de Estados Unidos eran falsos o llamaban al conflicto. Ahí se vio que una empresa privada podía cortarle la libertad de expresión, por así decirlo, al mismísimo presidente de Estados Unidos. Y después de las elecciones le llegó a cerrar la cuenta.

Con lo que se está haciendo en el tema regulatorio China quiere conseguir tres cosas: regular mejor estas plataformas tecnológicas, que no son un sector más sino que son transversales; incorporarlas dentro de las estructuras del Estado para que el Partido las controle; y por último creo que hay una visión de que China no puede seguir el modelo angloamericano de financialización y de tecnología hacia el consumo, sino que tiene que usar su capacidad tecnológica para la industria, para cuestiones que son más importantes para la competitividad del país, como los semiconductores.

Algunos incluso han hablado de que va más por el lado del capitalismo alemán que por el del angloamericano: no tanto consumo y financialización sino más bien industria y poder competitivo en alta tecnología.

China y la desigualdad

¿Creéis que China es un país especialmente desigual para su nivel de desarrollo? ¿Qué se está haciendo para revertir las desigualdades que hay en el país?

Alicia: por desgracia, no tenemos buenos datos. China es más desigual que otros muchos países, especialmente en Asia, no tanto en América Latina. Para un país que ha crecido tan rápido, la distribución de la renta no ha mejorado tanto. Es más, las estimaciones que existen muestran un empeoramiento desde 2014 que también va en línea de una desaceleración económica.

Según el Banco Mundial, China es el país del mundo cuya distribución de la renta cambia menos con la aplicación de política fiscal. Hay un problema porque la política fiscal no redistribuye, han crecido de manera descontrolada y no han mejorado la redistribución. Ahora que vamos hacia una desaceleración estructural, es normal que se preocupen, porque ven que cada vez será más difícil evitar este problema.

Ahora que vamos hacia una desaceleración estructural, es normal que China se preocupe más por la desigualdad.

Alicia García-Herrero, economista jefe para Asia-Pacífico de Natixis

Además, cuando uno mira los datos de distribución de la renta, hay una cuestión de división entre el entorno rural y el urbano. China ya ha urbanizado más del 57% de su población, pero el gasto público en las zonas rurales es tan ínfimo que el coste de reducir esa desigualdad de la renta es brutal. Esto no ocurre en todo el mundo. Aquí estamos hablando de megainversiones para evitarlo. No es tan fácil conseguir mejorar la distribución de la renta.

Por tanto, creo que tampoco hablan mucho de esto cuando hablan de Prosperidad Común. Podrían haberse planteado el objetivo de reducir el Coeficiente Gini en un porcentaje determinado, pero no es la manera en la que expresan esta idea: es muchísimo más etérea. Creo que es porque el coste de hacerlo es enorme y va a ser muy difícil conseguirlo. Tienen que ofrecer algo simbólico, pero sinceramente no creo que la distribución de la renta en China mejore en los próximos cinco o diez años. Con una economía a la baja, es muy difícil hacer eso.

Tienen además otros gastos pendientes: militar, subsidios a las empresas públicas… ¿de dónde van a sacar el dinero? La deuda pública en China se acelera. Por esto no hablan de redistribución ni de Estado del Bienestar; no sé si les gusta o no, pero creo que no se lo pueden permitir.

Miguel: yo creo que, en la cultura china, el concepto de redistribución no está tan patente. Han apostado mucho por crecer a base de inversión pública, infraestructuras y exportaciones. Eso ha hecho que mucha gente haya salido de la pobreza y ese es uno de los grandes logros del Partido. Ahora viene el hecho de cómo superar la posible trampa de la renta media, que les preocupa más que redistribuir. Ahí yo creo que las desigualdades van a estar ahí, pero también es un tema de retórica y de discurso político.

El discurso ha cambiado, igual que pasó con la corrupción. Es necesario mandar mensajes a la ciudadanía de que se están haciendo cosas. Sin embargo, es difícil cambiar la estructura, igual que con la corrupción, que está muy integrada en el sistema político chino. Es también muy difícil cambiar las diferencias que hay entre el mundo urbano y el rural.

Es muy difícil cambiar las diferencias estructurales entre el mundo urbano y el mundo rural.

Miguel Otero, investigador titular del Real Instituto Elcano

Sin embargo, yo creo que intentarán mandar mensajes concretos y quizás haya un momento en el que pueda haber un impuesto sobre la propiedad que, aunque no genere mucha recaudación, sí sería una señal de que los que más tienen aportan más al Estado.

Los números sobre desigualdad en China son muy poco fiables. No hay una base de datos sobre la declaración de la renta y lo que tenemos son encuestas a hogares, muchas de ellas obsoletas. Es difícil, realmente, saber cómo está el tema de la desigualdad en China, pero a nivel de discurso, de narración, en los últimos años había una percepción clara de que había más desigualdad. El discurso político de Prosperidad Común quiere enfrentarse a eso, pero por lo menos los números sugieren que no ha habido aumento del gasto social. Hay una desconexión entre la narrativa y esa preocupación por la desigualdad.

Además vemos que, con el COVID, la política fiscal y monetaria ha sido muy conservadora. Ahora mismo, dado el contexto que vivimos, con la política de COVID cero que tiene China, el hecho de que Xi Jinping tendrá un tercer mandato y las tensiones geopolíticas que tenemos, creo que Xi está siendo muy conservador en política monetaria con objeto de tener un colchón para resistir turbulencias. Sabe que vienen años difíciles.

El papel de las tecnológicas

Volviendo al tema de las grandes tecnológicas: ¿por qué se habla tanto de estas cuestiones?

Miguel: yo creo que las tecnológicas son el símbolo del exceso del capitalismo moderno. Durante una larga temporada se veían como los grandes campeones chinos y el gobierno estimuló su crecimiento o hizo la vista gorda. Muchos chinos lo veían también como algo que les facilitaba la vida en compras y servicios: el e-commerce en China ha sido un boom no visto en otro sitio. Figuras como la de Jack Ma, fundador de Alibaba, se veían como auténticas celebrities, con mucho apoyo.

Las tecnológicas simbolizan mucho de este capitalismo salvaje de China en los últimos 10 años.

Miguel Otero, investigador titular del Real Instituto Elcano

Sin embargo, en el contexto del COVID, de la dureza de las políticas contra la pandemia y donde era todavía más visible quién vivía bien y quién vivía peor, viendo que el crecimiento es menor y que hay mucha gente bien preparada que tiene dificultades para encontrar trabajo… en su momento, eran las finanzas de Wall Street las que eran el símbolo del capitalismo salvaje. Aquí son las tecnológicas. En el contexto chino, Jack Ma llegó a tener mucho poder para criticar a las autoridades chinas, y dentro del contexto chino de que nadie puede tener más poder que el Partido, creo que es un mensaje claro en cuanto a excesos económicos y de renta, privilegios y noticias de jornadas laborales abusivas en esas empresas.

Las tecnológicas simbolizan mucho de este capitalismo salvaje de China en los últimos 10 años. También se quiere mandar un mensaje claro de que el capitalismo privado no puede tener más poder que el Partido, por lo que hay que someter a las tecnológicas a su control.

Alicia: Miguel aludía a dos cosas, el poder y el aspecto social. Yo creo que hay un componente irónico, porque el modelo chino, con la política de hukou, propicia que un tercio de los trabajadores se desempeñan en la economía gris, con requisitos draconianos. El motivo es que hay asociados unos derechos, desde la educación a la pensión o la sanidad, que China no puede permitirse dar a todo el mundo que aparece en Pekín o en Shanghai.

En resumen: ese modelo no es muy diferente al de Didi o Meituan. No entiendo por qué se escandalizan con algo que hacen de manera estructural en el país entero. Es bastante populista hacer esto: señalar a las empresas. La realidad es que es el sistema el que está diseñado así, para bien o para mal. No estoy necesariamente criticando al sistema, sino al hecho de que apunten a unas empresas cuando el sistema en general hace que un ciudadano chino no pueda tener los mismos derechos que un residente aunque trabaje en Pekín: se crean ciudadanos de primera y segunda categoría.

Lo que está ocurriendo con las tecnológicas sólo tiene otra lectura: el poder

Alicia García-Herrero, economista jefe para Asia-Pacífico de Natixis

En este contexto, lo que está ocurriendo con las tecnológicas sólo tiene otra lectura: el poder. Si fuera algo social, se aplicaría en general. Habría que hacer una reforma del mercado laboral de una gran magnitud. Hay otros factores, pero el más importante es el control. El control sobre esas empresas ya había empezado por las buenas, sin asustarlas en su valor bursátil, pero no había sido suficiente.

Después está el tema de antitrust: algunas tenían un control sobre el sector brutal. Quizás se pensaba que tener tantos ingenieros para hacer videojuegos en medio de una guerra tecnológica con Estados Unidos no era una buena idea. Pero esto no es una decisión comercial, sino nacional. Y para hacerla, tienes que controlar al sector. La socialización de los derechos de los trabajadores no la compro, porque no se ve en otros sectores.

Miguel: hay un tema estructural que no vas a cambiar, pero las percepciones son clave. Creo que esto es importante para entender cómo funciona China. En el país hay una sensación de que muchas de estas empresas privadas cometían excesos en cuanto a cómo controlaban el consumo. Al chino sí le preocupa esto, y hay un mayor control del Estado. Habría que preguntarse si al chino le parece bien que el Estado controle más a las tecnológicas.

En China hay mucha protesta y enfado por que estas empresas privadas tengan acceso a toda la información de los consumidores, pero si lo hace el Estado está socialmente más aceptado.

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